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16-12-2019

El campo y la emergencia

Por Carlos Barrios Barón

Es muy triste para los que sueñan con una Argentina con mayor calidad de vida para todos, ver que avanzamos en círculos, regresando siempre al punto de partida, con la mochila con nuestros faltantes de siempre, más los que sumamos en el camino. Es muy triste saber que siempre estamos en situación de emergencia, cuando en 1982 fue nuestra última guerra, son contados los cataclismos climáticos que afectan a nuestro territorio, tenemos recursos naturales de todo tipo, y no estamos superpoblados.

Hoy con la cruda realidad de 40 % de pobres de nuestros compatriotas, y el hambre también presente, debemos en primera instancia avergonzarnos, por no haber sabido encontrar un camino de unidad. Por la oposición poco constructiva de nuestras fuerzas políticas, de tendencia al armado de país al estilo “Frankenstein”, en donde cada parte piensa sólo en sí misma.

Parecería que “estamos atados con alambre”. No es sólo la política, somos todos nosotros: empresarios, sindicalistas, docentes, profesionales y laburantes de todo tipo, tanto en lo público como en lo privado, el hombre común de la calle, no saquemos el cuerpo ninguno, pensando que lo que nos pasa es sólo por culpa y responsabilidad de “los de arriba”. Dicho esto, es cierto que aquellos que están en posiciones más altas en esta escala, tienen una muy mayor responsabilidad, tienen “poder de imperio” y este debe ser usado para construir ciudadanía.

Tenemos entonces hoy el choque entre la necesidad de crecer, para lo cual se necesita bajar la presión impositiva, las altísimas tasas de interés que ahogan, y otras medidas que favorezcan, que alienten a que las empresas locales y extranjeras inviertan en Argentina, y de esta manera generar empleo genuino y desarrollo. Pero a la vez tenemos que instrumentar las medidas para que desaparezca el hambre y baje rápido la pobreza pues con este grado de desigualdad es muy difícil lograr una unidad real. Para todo esto debemos arriesgarnos a creer una vez más, por más que tengamos ya la piel curtida de tantas frustraciones. Si no damos un marco de esperanza y hacemos un nuevo esfuerzo, la garantía del fracaso está a la vuelta de la esquina.

También es cierto que para esta tarea, las medidas contradicen en parte a las necesarias para crecer, por lo tanto estas deben ser acotadas en el tiempo (presión extra impositiva), no exageradas en su magnitud, y deben estar dirigidas a los sectores y personas de mayor capacidad contributiva, dicho en idioma sencillo: “a los que más ganan”. Es aquí donde desde la política deben evitarse las injusticias, y buscar los que más ganan “de todos los sectores”: finanzas, energía, minerales, turismo, y campo, en definitiva cualquier empresa con buenas ganancias, es allí donde debe buscarse y no estigmatizar al campo, como si la tenencia de tierra fuese un pecado de robo a la humanidad.

He visto ya spots publicitarios en los que no solo se regresa a un relato arcaico para justificar las retenciones como mecanismo para bajar el costo de los alimentos, sino que además está plagado de mentiras literales. Como que esta es una práctica habitual en todo el mundo, cuando es un invento argentino, muy pocas veces utilizado en algún otro país, como Rusia. Un buen ejemplo de esto es la comparación con nuestro hermano Uruguay, país que no tiene retenciones (ningún país de la región las tiene) y tienen 30.000 indigentes. Argentina, con una economía 10 veces más grande, no tenemos 300.000 indigentes, tenemos 2,5 millones. Nadie usa el esquema de retenciones para combatir la malnutrición.

Claro para recaudar es excelente pues como va en el precio, no hay evasión posible, mientras permitimos la evasión de todo el resto de la economía argentina. Si ya tenemos el impuesto más justo, Ganancias, debiéramos ir sobre este, pero con una política de control de la AFIP que achique el mal argentino de la evasión, mal justificado en la insoportable presión impositiva. Esto es la historia del huevo y la gallina, pero son en definitiva las grandes cuestiones que debemos resolver.

El campo ya también paga impuesto a las Ganancias como todos los sectores, ¿por qué es discriminado con un impuesto especial? Que hay evasión en el campo, sí por supuesto, como en todos los sectores. Miren la construcción; todo en negro, o la gastronomía, o la hotelería.

Arreglemos esto por favor, pues los pocos que van quedando que cumplen con todo “están muriendo con las botas puestas”. Y ven que todos los gobiernos hacen un perdón impositivo a aquellos que privilegiaron su negocio al achique que la presión impositiva les hubiera impuesto.

Hoy desde el campo estamos molestos. Creo que debemos explicar y dialogar para que de una buena vez se comprenda nuestra realidad, pero no creo oportuno salir a la protesta fuerte con paro de actividades y romper lanzas. En la actual situación soy de los que prefieren apostar una vez más, de los que queremos creer que, si entre todos buscamos hacer las cosas diferentes a las anteriores oportunidades, tal vez encontremos la salida. Pues es claro que no podremos resolver nuestros problemas si siempre lo intentamos de la misma manera. Basta de acción y reacción.

 

Carlos Barrios Barón es presidente de Agropecuaria La Criolla S.A.

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